Habló Sonia Molina: "Estefanía es tan culpable como su marido"
"Dios fue lo que me mantuvo firme hasta último momento, más allá de
las condiciones físicas en las que me encontraba", afirmó anoche la
mujer, quien, aseguró, no siente "ni bronca ni odio" hacia la pareja
acusada, que permanece detenida pese a la "perversidad" con la que
actuaron.
En torno a las sospechas sobre si
estuvo o no privada de su libertad, Molina reveló que no estaba
"encadenada ni atada", pero sí acompañada por Olivera "las 24 horas", y
aseguró que la habían amenazado con dañar a su familia pero además,
puntualmente, le advirtieron que violarían a su hija.
Molina
dio una entrevista a Canal 13 en la que dijo que una vez llegó a ir
hasta la comisaría de San José, una localidad en los alrededores de
Coronel Suárez, para hacer una denuncia (que no tenía que ver con el
secuestro) pero de inmediato la llamó Olivera preguntándole por qué
había ido a la policía.
"Me estaban vigilando
-afirmó-. La historia cambia cuando yo llegué a Suárez. Yo venía a que
me dieran el dinero para que yo pudiera devolvérselo a la persona" a la
que había estafado en Río Colorado con la venta de una casa, dijo.
Además,
Molina no descartó que haya más victimas de la pareja al menos del
delito de "estafa" a través de la fe; señaló que no había más personas
encerradas, pero sí que Olivera mantenía diálogos vía "skipe" (con una
cámara vía Internet) con posibles víctimas.
Por
primera vez frente a una cámara de televisión, Sonia Molina, de 33 años,
se mostró con entereza y se la pudo ver delgada ("llegué a pesar 45
kilos), con el pelo corto y huellas de cicatrices en las manos y el
cuello, provocadas por quemaduras.
"Fue un horror
todo lo que pasé, no se lo deseo a ninguna persona. Lo que pasó me da
fuerza para seguir y para investigar, y que no haya ninguna otra mujer o
persona que no esté pasando por lo mismo", afirmó.
Sobre
Heit, Molina afirmó que ella "dentro de la casa era igual de culpable
que Olivera: planificaban ambos lo que iban a hacer. Hacían un juego
psicológico conmigo. Me pegaban y me decían por qué me golpeaba sola.
Todos los días lo mismo. Depués iba y cumplía su rol como periodista"
en el noticiero local.
Según dijo, la primera vez
que la golpearon fue cuando Olivera fue a reclamarle 200 pesos que ella
debía cobrar por su trabajo en una casa de San José, y que no le había
entregado.
"Yo venía (a Coronel Suárez) a que me
dieran el dinero para que yo pudiera devolvérselo a la persona (a la que
había estafado). No encontré a nadie en la comisaría porque andaban
patrullando. Me dijo el día y el horario. No sé cómo lo sabía. Al
decirme eso y amenazarme con mi familia, entré en pánico", agregó.
La
mujer contó que cuando se quedó sin ese trabajo, la encerraron en la
casa de la periodista, aunque no estuvo atada y permanecía acompañada
por Olivera permanentemente, "salvo cuando salían, que me drogaban o me
dopaban".
"El primer mes medianamente me daban
comida, las sobras de lo que quedaba. Después me daban polenta, comida
para perros, fideos crudos. La comida para perros fue un manjar al lado
de lo que tuve que comer", dijo.
Cuando le
preguntaron directamente a qué se refería, la mujer aseguró: "excremento
de perros, papel con excremento... no quiero decir más".
"No
era como castigo. Ya habían decidido que no iba a salir más de ahí. Me
lo decía todo el día Olivera. Textualmente decía: 'Si dejo salir a esta
negra de mierda, me va a terminar denunciando'. Asi le decía a
Estefania", agregó.
Pero después, afirmó, volvían y le hablaban "como si no pasara nada, como si la que estaba loca era yo".
También
dijo que le guionaron una entrevista que le dio a Heit en una radio y
afirmó que en esa radio trabajaba la hija del comisario de Coronel
Suárez, a raíz de lo cual ella dudó si la policía tenia una connivencia
con ellos y se dirigió hacia San José, a hacer su denuncia apenas
escapó.
"El ensañamiento que tuvieron a lo
último no puedo explicármelo -afirmó-. Yo creo muchísimo en Dios y el
hecho de que pasara esto no va a alejarme de mis creencias, sino todo lo
contrario. Me da fuerza. Todo lo que pasé ahí adentro fue realmente una
tortura. No quiero dar muchos detalles en sí porque está la
investigación".
Cuando le preguntaron si
perdonaría a Heit y a Olivera, la mujer respondió que "sí. Yo no siento
ni odio ni bronca hacia ellos. Lo que hicieron está totalmente mal, no
cabe humanamente. Ni siquiera en un reino animal se ve tanto
ensañamiento ni maldad. Porque creo en Dios, creo que la justicia
terrenal como la divina va a llegar. El será el que entienda en este
maltrato y la perversidad que hubo".
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